29. Tus Host Kids y tú

Tener (algo) de experiencia con niños


Las familias suelen pedir que su au pair tenga experiencia con los niños. Por supuesto, a la hora de buscar una familia, todas las chicas tienen una larguísima experiencia con el cuidado de niños… No es buena idea mentir y contar que llevas años cuidando niños de todas las edades cuando en realidad nunca te has acercado a más de dos metros de un niño. Si nunca ha hecho baby-sitting, siempre hay alguna manera de practicar, en todos los barrios hay madres que necesitan algunas horas a la semana alguien que les eche una mano. En los parques infantiles encontrarás madres que se juntan todos los días por la tarde a pasar unas horas con sus pequeños. Puedes acercarte y explicar tu caso, que quieres irte de au pair, que te encantaría cuidar de los niños unas horas de vez en cuando, aunque sea por muy poco dinero, a cambio de una carta de referencia. Puedes repartir cartelitos por tu ciudad, pero el contacto directo suele dar mejores resultados. Piensa dónde se encuentran los niños y sus padres en tu ciudad y no dudes en ir a su encuentro: parques, colegios, salida de guardería, parque de bolas, etc. La motivación es muy importante en tu proyecto. Las HF no te van a pedir más de dos o tres cartas de recomendación, es fácil de conseguir.


Diría que más importante aún que las cartas de recomendación, es intentar tener algo de experiencia para no encontrarte totalmente desconcertada frente a tus HK. Los niños pueden tener comportamientos realmente sorprendentes, pasar del mayor regocijo al enfado más absoluto en menos de un minuto, reír como locos a gritar como poseídos en menos tiempo de lo que te puedes imaginar.

Élodie (Belga, au pair en Italia): “Esto parece una tontería, pero no es así. Hay chicas que se creen que por haber estado sentadas en un sofá dos horas vigilando al sobrino de la vecina mientras éste dormía, ya saben cuidar de niños y claro, como no molestan y apenas hacen ruido, ya se ponen una etiqueta en la frente de "me gustan los niños". Y eso, señoras, es el mayor error. Para que te gusten los niños, has de conocerlos. Has de haber tratado con niños antes de irte de au pair, y a pesar de eso, que te siga gustando estar con ellos.

Leïla (Francesa, au pair en Inglaterra): “Los fines de semana los pasaba en una fundación llena de niños que me recibían con abrazos y gritos. Allí aprendí a tener control sobre los niños y a quererlos un poco más. Digo un poco más porque nunca he sido amante de éstos, no tuve hermanos pequeños, primitos, niños pequeños cerca. Quería saber lo que era antes de lanzarme a la aventura de ser au pair.

Aprender a conoceros


Ya vimos en un capítulo anterior que el proceso de adaptación y de integración en un nuevo país, una nueva ciudad y con otra familia puede ser difícil y a veces largo. De la misma manera, la relación que estableceréis tus HK y tú se construirá poco a poco, a base de veros, compartir juegos, conversaciones, actividades, vivencias en general.

La relación puede ser fluida y agradable desde el primer minuto, sobre todo cuando los HK están acostumbrados a tener au pairs, saben lo que estás viviendo e intentan ayudarte a que te sientas mejor. Con los niños más pequeños, puede ser mucho más difícil y tendréis que aprender a conoceros. Poco a poco. Con mucha paciencia.

Paola (Norteamericana, au pair en Francia): “En cuanto a mi relación con los niños... Con el mayor (4 años), he hablado mucho: hemos discutido sobre qué personaje de Star Wars sería más útil escoger para una hipotética guerra, y hemos llegado a la conclusión de que lo mejor son los mosquitos. El peque (2 años) es más tímido y reservado, y no habla mucho, pero también he tenido mis momentos graciosos y entrañables con él. Eso sí, tiene una mamitis impresionante y es un poco bipolar. Pero tiempo al tiempo, habrá que dejar que se habitúen a mí y que yo me acostumbre a ellos y a sus continuas peleas… Pero de momento puedo decir que me encantan.

Sam (Argentina, au pair en Austria): “Los bebés, como lo presentía, lloraron muchísimo los primeros tres días, pero como apenas tienen 17 meses ya me adoran. ¡Sobre todo mi nena! se ha pegado muchísimo conmigo y pasamos bastante tiempo juntos, mi nene también es un amor, pero al final de cuentas es hombrecito así que hay que tenerle más paciencia.

Isabel (Finlandesa, au pair en Canadá): “Ha sido muy guay porque los peques van cogiendo más confianza conmigo y, cuando lloran, ya se consuelan también si los cojo yo (aunque nombren a su madre) y cuando se hacen daño, vienen a que les dé besitos (al menos hoy, quién sabe mañana...). Además, hoy he enseñado a mi HK mayor a dar besos de mariposa ¡y le ha encantado! Crucemos los dedos para que todo siga así...

Marion (Francesa, au pair en España): “Con los niños, estoy cada día un poquito más cerca. Esta tarde, por ejemplo, mi niña se ha echado encima mía mientras veíamos los dibujitos en el sofá y nos hemos quedado las dos durmiendo.

Kali (Japonesa, au pair en Francia): “Hoy mi bebé se ha quedado un rato gigante durmiendo en mis brazos y parecía hasta que sonreía.

Maribel (Española, au pair en Irlanda): “Con mi KH, la relación va siendo cada vez más estrecha. Se pone muy contento cuando me ve, le encanta darme abracitos, disfruta mucho su tiempo conmigo... aunque tenga sus momentos de niño penoso, pero eso es comprensible.

Cindy (Inglesa, au pair en España): “El bebé ya me conoce y se ríe mucho cuando le digo cositas y se calma enseguida cuando lo cojo en brazos.

Kimi (Danesa, au pair en Italia): “Hoy he vuelto sola con el bebé de la guardería porque la madre tenía que hablar con una profesora, ha sido genial porque cuando lo he sacado del cochecito se me ha quedado dormido en los brazos mientras subíamos a la habitación.... La madre ha alucinado cuando le he dicho que se me ha dormido encima y que no ha llorado nada.  ¡¡Punto para mí!!

Para los niños pequeños, eres una adulta y por lo tanto les resulta muy raro que no hables perfectamente su idioma (por lo menos al llegar a su casa).

Eva (Chilena, au pair en Inglaterra): “Desde el primer día, he pensado que una de las cosas que desconciertan a mi HK sobre mí es que no sepa hablar inglés. De hecho, creo que muchas veces le dice las cosas a su madre en vez de a mí porque cree que no la voy a entender. A menudo, me pregunta si sé lo que significa alguna palabra. Algunas veces son cosas súper difíciles y otras son palabras muy muy básicas. Hoy, por ejemplo, me ha preguntado: "¿cuántas palabras inglesas conoces?" "¿Cuántas crees que me sé?" "Veintiuna" “más”,"¿veintidós?"...

No te desanimes si ves que los HK no responden como te lo esperas a tus muestras de cariño. Verás que con paciencia poco a poco tus HK se van acostumbrando a ti y tú sabrás mejor cómo tratarlos.

Paola (Mexicana, au pair en Estados Unidos): “Mi Host Kid de 4 años me hizo desplantes horribles, me dijo que ya no me quería ver, que no me acercara... qué bueno que todavía no logro entender bien lo que dice… Fue horrible… simplemente lloré, obviamente a escondidas y bueno con la bebé me desahogue a ella le platiqué (sé que no me entiende nada, pero el ver su cara y una que otra sonrisa me ayudó)… Mi host kid es algo difícil, fácilmente se enoja… Espero que poco a poco me adapte mejor y que ese tipo de desplantes me afecten menos… Ojalá no vuelva a llorar por este tipo de cosas… Ahorita me siento mejor a ver cómo me va mañana…

Y un día, te das cuenta de que tus HK te sonríen, tienden sus bracitos hacia ti, te esperan con una sonrisa y quieren compartir tiempo contigo. ¡Lo has conseguido!

Amanda (Española, au pair en Estados Unidos): “En una de estas me soltó mi niña un "I love you" casi me la como, no hay cosa más bonita que cuando te dicen por primera vez "I love you" tus pequeños monstruitos.

Aguantar


Durante tu vida de au pair verás que tendrás que aguantar más que en toda tu vida anterior y te parecerá increíble la paciencia que puedes tener. Habrá días en que todo fluye a la perfección y otros en que desde el primer minuto sabrás que va a ser duro. Sé fuerte, sé paciente y que sepas que de tanto aguantar saldrás ganando. Tú puedes. En este apartado hablamos de niños de menos de cinco años.

Teresa (Rumana, au pair en Irlanda): “Hay que tener en cuenta que un niño no es un adulto, y que cuando tiene un día malo, es horrible para él, y por extensión, para ti. Que llorará por cualquier tontería, gritará, se portará mal... Y es una cosa normal. Un niño cuando tiene hambre o sueño (o ya la bomba atómica de tener hambre y sueño a la vez) es un ser insoportable.

Llantos


Hasta que lo ves con tus propios ojos y sobre todo lo oyes con tus propios oídos, no te puedes imaginar cuánto y cuán fuerte puede llorar un bebé o un niño.

Daniel (Norteamericano, au pair en España): “Lo más difícil para mí hasta el momento ha sido tener que aguantar las pataletas de las niñas, están un poco acostumbradas a hacer lo que quieren y a que los papás las dejen hacerlo. Lloran porque no quieren arreglarse, porque no quieren comer u ordenar algo, porque las regañan y por muchas cosas más.

Virginia (Canadiense, au pair en Francia): “Cuando llevábamos una hora en el museo viendo dinosaurios y animalitos de tiesto, los niños empezaron a penosear. Estaban dándole vueltas a un globo terráqueo y empezaron a pelearse. El niño fue el primero en llorar, pero cuando logré consolarlo, llegó el turno de su hermana. Y, por supuesto, el pequeño volvió a desconsolarse. Así que ahí estaba yo, en un museo con dos niños llorando (uno a cada mano) y todo el mundo mirándome. Son esos momentos en los que intentas poner tu mejor cara de "no pasa nada, son sólo rabietas de niños".

Marleny (Colombiana, au pair en Estados Unidos): “Esta mañana me he quedado cuidando de David porque la madre tenía médico, hemos estado jugando y al final se estaba quedando dormido, así que lo he cogido en brazos y se ha dormido, pero al ponerlo en la cuna, ¡zas! ¡Venga a llorar y a gritar y a ponerse rojo! Porque tenía mucho sueño y quería dormir. Me las he visto para calmarlo, escupía el chupete todo el rato, pero a los diez minutos se ha vuelto a quedar dormido (¡por fin!) y esta vez sí he podido meterlo tranquilamente en la cuna. Y así se ha quedado hasta que ha llegado la madre y se ha encontrado a su precioso bien dormidito.

Rabietas


Los niños más pequeños, hasta los tres o cuatro años, no saben soportar la frustración, si no consiguen obtener o hacer lo que quieren, pierden cualquier control y el resultado puede ser impresionante. Mantén la cordura, ya sabes que después de la tempestad vuelve la calma.

Ana (Española, au pair en Alemania): “Ayer me tocaba llevar al mediano a natación, a una especie de polideportivo para niños cerca de casa. Por el camino todo muy bien, me contó cosas, hizo el gamba un rato, hasta quiso que le llevase de la mano. A escasos metros de la puerta principal, no obstante, a la criatura le dio un ataque bipolar o algo, que no quería ir a nadar, que se iba a casa (todo esto llorando desesperadamente y pataleando como un poseso). Intenté hablar con él, intenté llevarle de la mano tranquilamente, corrí tras él cuando se escapaba, me enfadé, hice todo lo que se me ocurría pero ningún resultado, que él no quería nadar y punto en boca. Así escrito no se aprecia lo lamentable que fue el espectáculo que dimos, él con sus lloriqueos como si lo estuviese maltratando agarrado a una barandilla y yo intentando poner orden con mi alemán chapurreado. Por suerte para mí, una madre que andaba por allí vio la que estaba montando el niño y las patadas que pegaba, y se acercó a echarme una mano. Vio que mi alemán no daba para broncas grandes y puso un poco firme al niño. Todo esto nos llevó media hora, así que ya no podía ir a natación. De vuelta a casa, el niño tan feliz y yo cruzando los dedos para que los padres no me matasen.

Guadalupe (Venezolana, au pair en Estados Unidos): “Bebé de año y medio: cuando no tiene el día no quiere ni que le hables, ni que la toques, ni que juegues con ella, siquiera que le recojas algo del suelo que se le ha caído. A veces monta pollos por un solo "hello" que le digas. No es que se ponga a llorar o haga pucheros, es que se pone en modo maltratada: le dices “hello” cuando no quiere y se tira al suelo, patalea y se pone roja de tanto llorar.

Peleas


¿Te acuerdas de cuando peleabas con tus hermanos? Pues ahora lo vas a vivir desde otro punto de vista. Las peleas entre hermanos son normales y aunque hagas lo imposible para intentar que no ocurran, siempre pelearán por una cosa o por otra. Habla con tus HP para saber qué actitud debes adoptar cuando tus HK empiezan a pelear. Trataremos de los celos entre hermanos en otro capítulo.

Lucie (Francesa, au pair en Estados Unidos): “A veces, me recuerdan mucho a mi hermano y a mí de pequeños y también de cuando empezábamos a jugar a juegos peligrosos y mi madre siempre nos decía que al final acabábamos de pelea. Ahora la entiendo.

Romain (Belga, au pair en Inglaterra): “Me ponen la cabeza como un bombo. Cuando estoy jugando con uno, el otro quiere que juegue con él; cuando juego con el otro, el uno se mosquea. Y nunca quieren jugar ni juntos, ni al mismo juego, Así que me toca repartir los tiempos. Lo peor es que cuando encuentran un juego en el que participar los dos, no es nada bueno porque significa que a los dos minutos ya se están pegando.

Golpes


Los niños más pequeños no controlan my bien sus gestos y su impulsividad les lleva a pegar, tirar cosas o hacer cualquier gesto que haga daño y les ayude a descargar la rabia que les llena. Como au pair es muy probable que tengas que enfrentarte a este problema, no es lo mismo que te pegue un niño de dos años que uno de ocho años, por supuesto. En ningún caso debes aceptar que los HK te peguen, habla con sus padres para saber cómo actuar en caso de golpes.

Mélanie (Suiza, au pair en Alemania): “Estuve con las niñas toda la mañana la pequeña como siempre y la mayor según la vena loca pues o me seguía a todas partes y me comía a besos, la mayoría del tiempo así, como le daba la vena loca y me pegaba, en fin...

Cassandre (Norteamericana, au pair en Francia): “Maltratada por el niño en un ataque de ira que tuvo. No sé porqué de repente se le cruzaron los cables y ¡me pegó! como comprenderéis un niño de dos años y medio no tiene mucha fuerza, pero fue el hecho de que me pegara que me sentí fatal y creo que me dieron hasta ganas de llorar.

Demasiado…


De tanto tener que aguantar puede que un día revientes y te eches a llorar con ganas de llenar tus maletas e irte inmediatamente de esta casa… Respira… Tranquila… Habla con tus HP, explícales que hasta aquí has llegado, que necesitas descansar. No importa que llores, incluso puede ayudarte a que te sientas mejor. Recuerda cuáles son tus motivos y piensa que no todos los niños son así, ni todos los días son iguales. Sé fuerte.

Elen (Noruega, au pair en España): “Yo sufrí ayer un cambio de personalidad del grande... ¡madre mía! Unos días mi HK me pide que juegue con él y otros me intenta pegar y me dice “¡tonta, estúpida, no eres mi amiga, bla bla bla!”. Ayer fue la gota que colmó el vaso y rompí a llorar como un bebé porque lo he dejado todo para venirme aquí un año entero, que estoy sola, y no puedo soportar que no le guste o le caiga mal... Cuando he estado años con niños de su edad y siempre me han adorado... En fin, la madre me vio y me obligó a subir al cuarto del niño para que viera lo que me había hecho… un panorama que puedes imaginarte...

Una relación basada en el cariño


¿Cómo puedes aguantar tanto? Recuerda siempre porqué eres au pair, ayuda en los momentos de estrés, recuerda también que no vas a ser au pair más de unos meses en tu vida, piensa en lo bien que lo vas a pasar en tu próximo fin de semana libre… Pero la clave para explicar que no sales huyendo traumatizada al cabo de unos días es gracias al cariño que se instala entre vosotros.

Aïssa (Francesa, au pair en Suiza): “A veces parece que tengo un jardín de infantes a cargo, las dos gritando, las dos llorando, las dos quieren hacer pipi, las dos quieren el mismo juguete, todo al mismo tiempo... A veces creo que la cabeza me va a estallar... Pero esos momentos también se equilibran cuando las dos quieren abrazarme al mismo tiempo, y nos caemos al piso y se parten de la risa... momentos únicos.

El cariño que sientes tú


Lavinia (Española, au pair en Alemania): “La conclusión de estos días es que los niños de verdad son entes mágicos. Algo tienen que hacer para que después de que se te hayan meado, cagado, lanzado cosas, gritado, pataleado, arruinado una noche de cine, dejado en ridículo en un supermercado, escapado con la bici por ahí y montar escándalos impresionantes en lugares públicos varios les sigamos teniendo cariño.

Marianne (Francesa, au pair en Dinamarca): “Esto no es fácil, criarle los hijos a otro no es sencillo. Estos niños pueden llegar a pasar más tiempo con nosotras que con sus mismos padres; algunos son muy mimados, groseros, nos gritan, nos insultan... pero hay otros amorosos, cariñosos y educados. Yo no sabía que podía llegar a querer tanto a mi par de niños, y eso que llevo con ellos menos de dos meses.

Mimi (Finlandesa, au pair en España): “Está súper guapo y es súper bien educado, ya sabe utilizar el cuchillo y el tenedor, le encanta ayudarte con todo, es súper limpio. Que se me cae la baba con él que os voy a contar…

Gabriela (Argentina, au pair en Estados Unidos): “Mi HK es una niña preciosa aunque la verdad es un tanto aburrido porque sólo tiene tres meses así que no hay mucho que hacer, pero es muy tierna y ya comienzo a agarrarle cariño y quiero verla crecer en los próximos meses.

Allyson (Norteamericana, au pair en Austria): “Después de haber tenido una mañana muy ocupada y muy irritante, mi HK vino y me abrazó, me pidió de jugar y nos reímos mucho rodando por la alfombra. No quiero que nademos en un mar de cursilerías, pero debo reconocer y buscar en lo más recóndito de mi ser, que me enternecí. Por supuesto que las sensación se me fue en cuanto tuve que cambiar el pañal lleno de humus fétido.

El cariño que sienten y muestran tus HK


Carina (Italiana, au pair en Estados Unidos): “Fui súper feliz, porque el mediano vino con una mantita y se subió encima de mí para acurrucarse, tan tierno.

Lucie (Francesa, au pair en España): “El niño mayor monísimo, le ha preguntado la mamá que cuánto me quería y ha abierto los brazos lo máximo posible, para comérselo.

María (Española, au pair en Bélgica): “A las 8 de la noche, estaba hablando de mis vacaciones de verano (en las que iré unos días a mi tierra) con mis HP, cuando un bicho de cinco años, muerto de sueño, se te echa a los brazos, te llena de besos y te dice: "yo no quiero que te vayas hasta de aquí 35 mil mil mil 24 mil cien mil años y yo ya sea una abuelita y cuides de mí siempre.

Rita (Portuguesa, au pair en Inglaterra): “Cuando salí del cine me encontré con mi HM y las niñas, y al verme vinieron corriendo a abrazarme, la verdad, al final nunca me siento realmente off aquí, porque las niñas siempre están encima de mí, pero bueno, nunca viene mal que alguien se alegre tanto de verte.

Una relación preciosa pero efímera

Es triste decirlo pero esta relación de cariño tan preciosa que estáis creando tiene su tiempo contado… Antes de ti, había otra au pair, cuando te vayas, vendrá otra au pair. Los niños lo saben y por mucho que den de sí, en algún lugar de su corazón saben que un día te irás. Quizás sea la razón por la que algunos niños más mayores no se abren tanto y tan rápidamente a sus au pairs. Es fácil entenderlo.

Flora (Peruana, au pair en Estados Unidos): “Las niñas me dijeron que tenían miedo de que me fuese a ir, porque tuvieron otra au pair que se fue cuando llevaba aquí muy poco tiempo y la habían visto llorar (se fue porque no estaba bien con la familia). ¡Qué penilla…! La verdad es que tiene que ser muy duro para las niñas ver cómo la gente se va yendo según ellas les van tomando cariño… al final nadie se queda.

Nadège (Francesa, au pair en Portugal): “Yo me encargué de acostar a la HK, le leí un cuento y la metí en la cama, pero me quedé un montón de rato arrodillada a su lado ya con la luz apagada mientras hablábamos, quería que le contara cosas de mi país, cómo era mi habitación, qué juguetes tenía... Le conté un montón de cosas, le conté lo que me gustaba hacer de pequeña, que podría venir cuando quisiera a mi casa y no dejaba de escucharme súper interesada con la boca abierta y emocionada. Cuando por fin le dije que me tenía que ir a descansar empezó a darme abrazos súper fuertes y a decirme que no quería que me fuera nunca. Me preguntó que porqué no me compraba una casa y me mudaba a su ciudad y así podría verme todos los días. Me costó bastante convencerla de que me soltara, que no me iba a ir esa noche.

Alana (Mexicana, au pair en Canadá): “¿La bebé? ella no sabrá quién soy yo... tal vez ellos le dirán que yo fui la primera que la vio gatear, la que le enseño a decir “no” moviendo la cabeza, a decir “bye bye” moviendo la mano, la que le enseñó a subir las escaleras y estoy segura que le enseñaré a caminar antes de irme… entre muchas otras cosas más... pero ella nunca me recordará…

No siempre es tan fácil…


Con algunos HK es más difícil establecer una relación de cariño, no es que sean malos chicos, sino que no abren su corazón tanto como otros niños, quizás porque sea su forma de ser, su educación o simplemente porque no congeniáis bien. No te alarmes. Puedes vivir una experiencia fabulosa como au pair aunque tus HK no te digan todos los días cuánto te quieren. Lo más importante es que haya respeto entre ambas partes. Si tu HK tiene un comportamiento inadecuado contigo, habla con sus padres. A veces ignorar los hechos que te pueden doler basta para que el HK cambie de actitud, pero comunica a tus HP cualquier cosa que te disguste, desde el primer momento.

Jade (Belga, au pair en Inglaterra): “El mediano es más tranquilo pero más pilluelo. Cuando están sus amigos me habla mal e intenta ridiculizarme un poco por mi nivel de inglés (por chulear, obviamente), pero paso de él y ya está, no puedo permitir que vea que me afecta.

Mandy (Norteamericana, au pair en Brasil): “Estoy un poco hasta las narices de mi HK. Así de claro. Tengo que disimular mi cara cuando se pone a decirle a su hermana que “no” a todo. Muy sabionda. He hecho todo lo posible por tener una buena relación con ella y no le da la gana. La única vez que me habló (y ahora me sabe mal porque me emocioné) fue porque necesitaba algo sí o sí. Hablé con mi HM sobre ello hace unos días y me dijo que no es que no le gustase, sino que es muy tímida y le cuesta coger confianza. Vale... Ya veremos más adelante si cambia la situación.

Cuestión de confianza


Si sientes que te cuesta establecer una relación agradable con tus HK, no te desesperes, con tiempo y mucha paciencia, ya verás cómo ganas su confianza y su cariño.

Barbara (Norteamericana, au pair en Francia): “Por primera vez, hoy he tenido que recoger a mi HK del cole yo sola. Estaba un poco nerviosa porque no sabía cuál sería su reacción al verme a mí y no a su madre y al final, su cara fue totalmente de decepción. No obstante, me estuvo enseñando sus dibujos y estuvimos charlando de cómo le había ido el día.

Liv (Irlandesa, au pair en Italia): “Hoy mi HK no quería jugar conmigo. A veces me hace totalmente el vacío. Esas veces me siento realmente mal. Me fui a intentar jugar con él en el jardín (que tuve que salvarla de mil caracoles), le hice un lagarto de papel que abría la boca, le cantaba sus canciones del cole... Nada. Así que se fueron al parque con la madre y, como era mi tiempo libre, decidí quedarme esta vez en casa. No puedo implicarme tanto...

Inés (Española, au pair en Inglaterra): “En cuanto a la niña, durante todo el día ha seguido teniendo la misma actitud conmigo. Estoy intentando, cuando eso ocurra, pasar y que sea ella la que venga a buscarme a mí. Pero es duro. Al menos, me dejó hacer sus deberes con ella. Por la tarde se pusieron a jugar en el jardín (donde, por cierto, hoy había una ardilla) ella y su hermano y me dejó totalmente claro que quería que fuera su hermano y no yo. Ojalá pudiera no hacerlo, pero es mi trabajo aquí; así que salí y me puse a jugar sólo con el niño, a ayudarle a trepar por los árboles y a decirle lo bien que lo hacía. A los pocos segundos, ya me había ganado también a la niña. El resto de la tarde-noche (como bien lo denominan los ingleses) hemos estado las dos jugando a un montón de cosas, riéndonos muchísimo y dándonos cariñito.

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